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Fernando VII jura la Constitución 1820. Comentario de Texto

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Juramento de la Constitución de Fernando VII
Juramento de la Constitución de 1812 por Fernando VII. Julio de 1820
"He oído vuestros votos, y cual tierno Padre he condescendido a lo que mis hijos reputan conducente a su felicidad. He jurado esa Constitución por la cual suspirabais y seré siempre su más firma apoyo. Ya he tomado las medidas oportunas para la propia convocatoria de las Cortes. En ellas, reunido con vuestros Representantes, me gozaré de concurrir a la grande obra de la prosperidad nacional.

Españoles: vuestra gloria es la única que mi corazón ambiciona. Mi alma no apetece sino veros en torno a mi trono unidos, pacíficos y dichosos. Confiad, pues, en vuestro rey, que os habla con la efusión sincera que le inspiran las circunstancias en os halláis y el sentimiento íntimo de los altos deberes que le impuso la Providencia [...]. Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional; y mostrando a la Europa un modelo de sabiduría, orden y perfecta moderación en una crisis que en otras naciones ha sido acompañada de lágrimas y desgracias, hagamos admirar y reverenciar el nombre español, al mismo tiempo que labramos por siglos nuestra felicidad y nuestra gloria."

Fernando VII acata la Constitución de Cádiz de 1812. 10 de Marzo de 1820



CLASIFICACIÓN: Se trata de una fuente directa y primaria de carácter político. El autor es el propio Rey, Fernando VII que se dirige a la nación tras el pronunciamiento de Riego en 1820. En este texto conocido como Manifiesto Fernandino, o Manifiesto a la Nación de 1820, Fernando VII jura y acata la Constitución de 1820.

ANÁLISIS: La idea principal del texto es el juramento de Fernando VII de la Constitución de 1812, con la conocido frase "Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional". Se inicia el periodo conocido como Trienio Liberal en España (1820-1823). Después podemos observar el desarrollo de tres ideas secundarias. 

En el primer párrafo, lejos de admitir la derrota, el Rey, parece mostrar cierta condescendencia hacia la nación, a quien trata como sus "hijos", a afirma tomar los pasos pertinentes para una convocatoria de Cortes.

Tampoco parece admitir la derrota en el segundo párrafo y parece asumir la decisión como algo impuesto por la Providencia, y de ahí su firme convencimiento en seguir la senda liberal.

Por último, trata de enorgullecerse de la nación española y de su propia decisión, que no ha dado lugar un enfrentamiento civil, ni a una revolución, con claras alusiones a la Revolución Francesa, situación que sin duda teme, debido al desenlace de Luis XVI.




COMENTARIO: Para encuadrar el texto en su contexto histórico, debemos ir hasta 1808 con el inicio de la Guerra de la Independencia. Es en este contexto, y ante el vacío de poder tras las abdicaciones de Bayona, cuando se forman las Cortes de Cádiz (1810), de claro talante liberal y dieron lugar a la primera Constitución española, Constitución de Cádiz de 1812, también conocida como la Pepa.

Al finalizar la guerra, las Cortes de Cádiz, así como toda la nación española, están expectantes ante la vuelta de Fernando VII "El deseado", pensando que el monarca, agradecido a la labor de las Cortes de Cádiz como oposición al gobierno de Napoleón, acataría la Constitución. Pero a su regreso en 1814, mediante el Manifiesto de los Persas, Fernando VII deroga la Constitución y termina por abolir toda la labor legislativa de las Cortes de Cádiz, lo que supone una vuelta al absolutismo y Antiguo Régimen. Comienza entonces el conocido como Sexenio Absolutista. A pesar de los intentos de Fernando VII, surge una oposición liderada por militares, con numerosos levantamientos como el de Espoz y Mina en 1814, Porlier en 1817 o el Coronel Vidal en 1819, que van articulando una oposición liberal y que culmina con el pronunciamiento de Quiroga y Riego en 1820.

Fernando VII, en un acto de cinismo, redacta este manifiesto, en el que parece acatar la Constitución de 1812 de buen grado. No obstante, la mayoría de la nación asumía que se trataba de una imposición y se ridiculizaba al rey y a los conservadores, con la tonadilla conocida como "Trágala" o "Trágala Perro". En 1820 se inicia el periodo conocido como Trienio Constitucional, pero la inestabilidad política, en parte por el proceso de emancipación americano y a las disputas entre doceañistas y veintenos, a lo que hay que sumar las continuas conspiraciones anticonstitucionales del monarca, que no confía en el sistema liberal. Lo que le llevó a aliarse con la Triple Alianza, que tras el Congreso de Verona de 1822, decidió enviar a España, bajo el mando del Duque de Angulema las tropas conocidas como los "Cien Mil Hijos de San Luis" que acabaron con el constitucionalismo en 1823, iniciando la conocida como "Decada Ominosa" que significó una vuelta al absolutismo y una enorme represión al liberalismo.

CONCLUSIONES: El reinado de Fernando VII, se caracteriza precisamente por la oscilación entre el absolutismo y el liberalismo. En un país acuciado por una enorme crisis económica, una crisis política que está dando lugar a la emancipación de sus colonias de América, a una crisis social donde la burguesía quiere asumir las riendas de la vida política. Todas estas circunstancias, que no hacían sino iniciar un nuevo periodo histórico no fueron bien entendidas por un monarca inmovilista anclado en el absolutismo. No sería sino al final de su reinado, cuando la derogación de la Ley Sálica con la intención de que su hija Isabel accediera al trono, provocaría la reacción ultraconservadora de su hermano Carlos María Isidro, legítimo heredero, que le llevaría a buscar la alianza de los liberales moderados. Será este conflicto dinástico el que ponga fin definitivamente al absolutismo en España y consolide el Régimen Liberal.

Manifiesto a la Nación de María Cristina. 1833. Comentario

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manifiesto a la nación de m cristina comentario
María Cristina de Borbón y Dos-Sicilias
por Vicente López Portaña (Museo del Prado)
"Sumergida en el más profundo dolor por la súbita pérdida de mi augusto esposo y soberano, sólo una obligación sagrada, a que deben ceder todos los sentimientos del corazón, pudiera hacerme interrumpir el silencio que exigen la sorpresa cruel y la intensidad de mi pesar. La expectación que excita siempre un nuevo reinado, crece más con la incertidumbre sobre la administración pública en la menor edad del monarca: para disipar esta incertidumbre y precaver la inquietud y extravío que produce en los ánimos, he creído de mi deber anticipar a conjeturas y adivinaciones infundadas la firme y franca manifestación de los principios que he de seguir constantemente en el gobierno de que estoy encargada por la última voluntad del Rey, mi augusto esposo, durante la minoría de la reina mi muy cara hija doña Isabel..."

Manifiesto a la Nación de María Cristina de Borbón. 4 de Octubre de 1833




CLASIFICACIÓN: Nos encontramos ante una fuente primaria de naturaleza histórico-circunstancial y de contenido político. El texto fue escrito en 1833 por la esposa de Fernando VII tras su muerte. Su carácter es público y su destinatario es la nación española.

ANÁLISIS: La idea principal del texto es la asunción de la Regencia del trono de España por parte de María Cristina, hasta la mayoría de edad su hija Isabel II, como última voluntad del fallecido Fernando VII. 

En el texto, María Cristina habla de la incertidumbre que provoca la minoría de edad de la futura Isabel II. Pero la cuestión va mucho más allá, cuando en 1830 Fernando VII firma la Pragmática Sanción, derogando la Ley Sálica que impedía gobernar a las mujeres. Ante esta decisión, se forma una oposición en torno a la figura de Carlos María Isidro, que reclama sus derechos al trono, que serían legítimos antes de la comentada derogación. 

El texto no viene sino a despejar los interrogantes sobre el trono de España, afirmando que la futura reina será Isabel y que hasta su mayoría de edad María Cristina actuará como regente de España.




COMENTARIO: Es precisamente este conflicto dinástico, entre Isabel y Carlos María Isidro, lo que permitirá la instauración del régimen liberal en España. Ambos pretendientes al trono tratan de buscar adeptos, Carlos María Isidro los encuentra en los sectores más conservadores bajo el lema "alianza entre el trono y el altar", María Cristina no tiene más opción que buscar el apoyo de los liberales, lo que supondrá la concesión de ciertas contrapartidas y en definitiva, instaurar un Régimen Liberal en España. 

Desde el momento en que María Cristina asume la regencia comienza la construcción del Estado Liberal, uno de los hecho más destacados será la promulgación en 1834 del Estatuto Real, una especie de carta otorgada que refleja mucha de las aspiraciones de los liberales. Sin embargo, el estatuto real no terminó de satisfacer ni a progresistas ni a moderados. Se crean unas cortes constituyentes y se inicia la Desmortización de Mendizábal en 1836, en 1837 se promulga una Constitución de corte liberal.

Por su parte, los carlistas se alzan en armas iniciando una guerra civil, conocida como Primera Guerra Carlista, se harán fuertes en plazas como País Vasco y Navarra y aglutinarán en su seno a las mentalidades más conservadores y al clero, escandalizado con la desamortización y la nueva Constitución. Su lema será "alianza entre el trono y el altar" lo que denota su clara defensa del absolutismo y el Antiguo Régimen. La guerra no será continua y tras varios fracasos como el Sitio de Bilbao y la Expedición Real, terminarán por aceptar los términos del Convenio de Vergara, firmado por el general Espartero y el General Maroto, en unos términos de conciliación hacia los generales carlistas con el fin de atraerlos hacia el nuevo régimen. 

María Cristina asumiría la Regencia hasta 1840, donde será sustituida por el General Espartero, debido al desencuentro de la regente con los progresistas. En 1843, con la llegada al Gobierno de la nación del Partido Conservador, se declarará la mayoría de edad de Isabel II con tan sólo 13 años.

CONCLUSIONES: Con el fin de la Guerra Carlista, se da por consolidado definitivamente el Régimen Liberal en España, y ya no habrá retorno al Antiguo Régimen. Aún así el Carlismo seguirá vivo como movimiento con los sucesores de Carlos María Isidro, aunque sin el poder de convocatoria que tuvo durante la Regencia de María Cristina. Hoy en día, quedan vestigios de la Ley Sálica en la Constitución de 1978, donde si bien permite gobernar a las mujeres, siempre se sitúa al primer varón en la línea sucesoria, el debate sobre este aspecto constitucional y su reforma, está abierto.


Convenio de Vergara - Comentario

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Convenio de Vergara 1839
Abrazo de Vergara (1839)
Artículo 2. Serán reconocidos los empleos, grados y condecoraciones de los generales, jefes y oficiales, y demás individuos dependientes del ejército del mando del teniente D. Rafael Maroto, quien presentará las relaciones con expresión de las armas a que pertenecen, quedando en libertad de continuar en libertad de continuar sirviendo defendiendo la Constitución de 1837, el trono de Isabel II y la Regencia de su augusta Madre, o bien de retirarse a sus casas los que no quieren seguir con las armas en la mano.

Convenio de Vergara, 1839



CLASIFICACIÓN: Nos encontramos ante una fuente primaria, de naturaleza jurídica, entendiéndose como un documento que emana autoridad y es de obligado cumplimiento por las partes firmantes. Su carácter es político y trata de fijar las condiciones para el bando carlista tras su rendición. Se trata del conocido como Convenio de Vergara, firmado por el general Baldomero Espartero y el general Rafael Maroto, en el año 1839 y que pone fin a la Primera Guerra Carlista. Su carácter es público y su destinatario es la nación española.

ANÁLISIS: El texto original está formado por un preámbulo y varios artículos que se exponen de forma no consecutiva, la idea principal es sentar las condiciones sobre la que se construirá la futura convivencia entre las dos partes. Entre las ideas secundarias, y que vienen expuestas en el Artículo 2, que es el que aquí se presenta, es la de ofrecer el mantenimiento del empleo, el grado y las condecoraciones a los militares del bando carlista, siempre bajo la condición de jurar la Constitución y fidelidad a la reina Isabel II.



COMENTARIO: La Guerra Civil Carlista, comienza con un problema dinástico, son precisamente los Borbones lo que instauran la Ley Sálica en España que impedía gobernar a las mujeres. Puesto que Fernando VII tuvo como única heredera a Isabel II, decide derogar la Ley Sálica mediante la pragmática sanción. Sin embargo, Carlos María Isidro, hermano del rey, y por tanto heredero legítimo no lo acepta. No tardan en aparecer dos bandos enfrentados, los partidarios de Isabel II y los partidarios de Carlos María Isidro, que en adelante serán llamados "carlistas". Los partidarios de Isabel II, con el fin de ganar adeptos hacen concesiones a los liberales, que habían sido denostados durante la "Década Ominosa", y así logran que Isabel II acceda al trono en 1833, bajo la regencia de su madre María Cristina, debido a su minoría de edad. Es en este momento cuando comienza la Primera Guerra Carlista, que no sólo enfrentará a dos bandos dinásticos, sino también a dos ideologías políticas, el liberalismo y el absolutismo. Además en los territorios de País Vasco y Navarra, comienza a extenderse la idea de que el liberalismo acabará con sus fueros, ya que impondrá una igualdad jurídica y fiscal en todo el territorio español. Es por tanto, en estas zonas País Vasco y Navarra donde el movimiento carlista tendrá un mayor calado.

La Guerra Carlista se desarrolla de forma discontinua y desigual y la historiografía suele dividirla en tres etapas. En la Primera Etapa (1833-1834) el bando carlista trata de unificar sus territorios en País Vasco y Navarra, para ello era necesaria la toma de Bilbao, ciudad más importante y en manos del bando cristino. Para ello se llevó a cabo un sitio en 1834, donde murió Zumalacárregui, uno de los generales más aclamados del bando carlista, con su muerte y el fracaso del sitio de Bilbao en 1835 el movimiento carlista pierde fuerza. En 1836 bajo el mando del general Miguel Gómez se lleva a cabo la gran expedición real, con ella se pretendía hacer un acto de propaganda, y la búsqueda de voluntarios y apoyos que participaran en el movimiento carlista, la gran expedición pretendía terminar con una entrada triunfante en Madrid, sin embargo el general Gómez, a las puertas de Madrid decide retirarse. En 1839, el movimiento carlista se escinde en dos facciones, una partidaria de la negociación, debido a que ya se sentían derrotados, y una facción radicalizada que pretendía continuar con la lucha armada. Es en este contexto cuando Rafael Maroto y Baldomero Espartero firman el Convenio de Vergara. No obstante, el movimiento carlista seguirá activo, la facción radical con el general Cabrera al frente se mantendrá en guerra, haciéndose fuerte en la zona del Maestrazgo hasta que sean finalmente derrotados en 1840.

CONCLUSIÓN: Con el Convenio de Vergara se pone fin a la Guerra Carlista, y se pretende con el documento una conciliación entre los dos bandos. Además del respeto de los grados y condecoraciones de los generales vencidos y su incorporación al ejército, se hacen concesiones como el respeto de los fueros de País Vasco y Navarra. En ningún momento el documento trata de humillar o establecer duras condiciones a los vencidos, sino más bien trata de contentar a todas las partes. Parece que los términos del acuerdo o Convenio de Vergara fueron establecidos por Espartero, pretendiendo ganar adeptos al liberalismo al tiempo que Carlos María Isidro perdiera apoyos a su causa.

Aún así, el Convenio de Vergara no logró terminar definitivamente con el movimiento carlista, que se reanudará con los descendientes de Carlos María Isidro y que dará lugar a una Segunda Guerra Carlista (1846-1849) e incluso una Tercera Guerra Carlista por oposición a la monarquía extranjera de Amadeo I de Saboya (1871-1873).

A partir de la Restauración, el movimiento carlista pierde fuerza, aunque siempre existirá un reducto que se aglutinará en torno a los partidos más conservadores y que reaparecerá ocasionalmente, pero sin la capacidad que tuvo durante el siglo XIX.

Desamortización de Madoz 1855 - Comentario

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Desamortización de Madoz
Pascual Madoz. Ministro de Hacienda en 1855

TÍTULO PRIMERO
Bienes declarados en estado de venta, y condiciones generales de su enajenación

Artículo 1. Se declaran en estado de venta, con arreglo a las prescripciones de la presente ley, y sin perjuicio de las cargas y servidumbres a que legítimamente estén sujetos, todos los predios rústicos y urbanos, censos y foros pertenecientes: al Estado; al clero; a las órdenes militares de Santiago, Alcántara, Calatrava, Montesa y San Juan de Jerusalén; a las cofradías, obras pías y santuarios; al secuestro del ex Infante D. Carlos; a los propios y comunes de los pueblos; a la beneficiencia; a la instrucción pública. Y cualesquiera otros pertenecientes a manos muertas, ya estén o no mandados vender por leyes anteriores [...].

Artículo 3. Se procederá a la enajenación de todos y cada uno de los bienes mandados vender por esta ley, sacando a pública licitación las fincas o sus suertes a medida que lo reclamen los compradores, y no habiendo reclamación, según lo disponga el Gobierno; verificándose las ventas con la mayor división posible las fincas, siempre que no perjudique a su valor [...].

Aranjuez,  de mayor de 1855. Yo la Reina. El Ministro de Hacienda, Pascual Madoz.



CLASIFICACIÓN: Se trata de una fuente primaria, de naturaleza jurídica ya que se trata de un texto legal, conocido como Ley de Desamortización Civil o Desamortización de Madoz y su contenido es político-económico. Es de carácter público y su destinatario es la nación española y su autor es el Ministro de Hacienda en 1855 Pascual Madoz y está firmado también por la Reina, Isabel II. Su fecha es 1855 y se inscribe dentro del reinado de Isabel II (1833-1868) y concretamente dentro del Bienio Progresista (1854-1856) bajo el gobierno del General Espartero.

ANÁLISIS: La idea principal del texto es declarar la desamortización de bienes y su puesta en venta en subasta pública. Se relacionan el tipo de bienes entre los que se encuentran bienes del Estado, del clero, así como los bienes y comunes de los pueblos o de las administraciones locales de los municipios. La intención es la de continuar la privatización de bienes raíces iniciada con la Desamortización de Mendizábal.

Ente las ideas secundarias, destaca, en el artículo primero, que los bienes se ponen a la venta sin ningún tipo de carga o servidumbre, por lo que se vendían como tierras nuevas, es decir, sin que recayesen sobre ellas deudas bien personales o fiscales, así como también se transmitían con ellas derechos de servidumbre que respondían al régimen señorial.

Cabe también aclarar algunos términos, por ejemplo, con el término predios, se refiere a fincas tanto urbanas como rústicas. Cuando hace alusión a foros y censos, se refiere a tipos de propiedad enfiteútica que se refiere por lo general a cesiones de tierra, que podían prolongarse a lo largo de generaciones bajo el pago de un canon o renta. Con el término propios se refiere a bienes y derechos de propiedad de los Concejos Municipales, como fincas, montes, prados, molinos, hornos y otros, que tiene origen en el periodo de la Reconquista, a partir de cesiones reales a través de fueros, a menudo se utilizaban como recurso para atender los gastos colectivos del municipio. Con comunes se refiere a bienes y propiedades que se aprovechan directamente por los vecinos. Cuando se refiere al secuestro el ex Infante Don Carlos, se refiere a los bienes y propiedades que fueron confiscado al Infante Carlos María Isidro tras la guerra carlista. Con manos muertas, se refiere a bienes tanto de titularidad eclesiástica como civil, que no se podían enajenar, ni por cesión, donación o venta.

En el Artículo 3 el texto aclara que la venta de los bienes se realizará por subasta pública y una intención de dividir las fincas en tamaños que permita su explotación y beneficio pero que evite la acumulación de las tierras en pocas manos, intentando distribuir mejor la riqueza del país y tratando de modificar la estructura de la propiedad evitando los latifundios.




COMENTARIO: La desamortización se basa en la incautación del Estado de bienes raíces de titularidad eclesiástica, colectiva o civil, su nacionalización y posterior venta en subasta pública. Existen antecedentes como la de Godoy en 1795, en las Cortes de Cádiz, durante el Trienio Liberal y el antecedente inmediato al texto que es la conocida como Desamortización de Mendizábal en 1836.

El contexto histórico de la Desamortización de Madoz es precisamente el Bienio Progresista, el cambio del gobierno va aparejado con la intención de hacer cambios de calado. La situación financiera de España no atraviesa por su mejor momento, a una acusada deuda pública, hay que sumar una reducción de los ingresos al abolir el impuesto de Consumos y a una necesidad imperiosa de financiar la construcción del ferrocarril. Además, como ya se hiciera en la Desamortización de 1836 se pretende crear una masa de burgueses, compradores de tierra afines al régimen liberal.

Las consecuencias de la Desamortización de Madoz son variadas, debemos decir que tuvo éxito en la reducción de la deuda pública, si bien no la eliminó, es cierto que se atenuó con creces. En lo económico puso en circulación nuevas tierras que antes habían estado vinculadas. En el apartado social la desamortización benefició principalmente a los antiguos terratenientes en las zonas rurales y grandes burgueses en las ciudades, sin embargo las consecuencias sobre los campesinos fueron muy negativas, ya que de todo lo desamortizado un 30% pertenecía a la Iglesia, un 20% a la beneficencia y un 50% a los municipios, fue sobre todo la pérdida de acceso a bienes de aprovechamiento común provocó un empeoramiento de sus condiciones de vida y una emigración hacia las ciudades. En lo económico supuso un cambio de propiedad del 20% de la superficie nacional, sin embargo no hubo realmente un cambio en la estructura de la propiedad, consolidándose el latifundio sobre todo en el centro y sur de la Península y la nueva burguesía adquiriente se suma al cobro de rentas que no permite un incremento de los rendimientos.

Otras consecuencias, se encuentran en la pérdida de patrimonio cultural, ya que se perdieron muchos libros y obras de arte, además de significar una ruptura de relaciones con el Vaticano al violar el Concordato con la Santa Sede de 1851.

CONCLUSIONES: Si bien la desamortización logró atenuar la deuda pública y recaudar el dinero que permitió poner en marcha la Ley de Ferrocarriles de 1855, es cierto que sólo logró aumentar parcialmente los rendimientos agrícolas, sin alterar la estructura de la propiedad y empeorando gravemente las condiciones de vida del campesinado sin acceso a los bienes de propiedad común, que les permitía pastar y explotar forestalmente los terrenos de los municipios. La desamortización pone de manifiesto las prioridades del Gobierno Progresista que no eran otras sino recaudar dinero y transferir las propiedades a la burguesía, perdiendo la oportunidad de realizar una reforma agraria que hubiera podido mejorar la calidad de vida del campesinado y haber aumentado la productividad del campo.


Manifiesto de Manzanares · Comentario de Texto

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manifiesto del manzanares
Manifiesto de Manzanares (1854) Leopoldo O'Donnell. Conde de Lucena

"Españoles: la entusiasta acogida que va encontrando en los pueblos el ejército liberal; el esfuerzo de los soldados que le componen, tan heroicamente mostrado en los campos de Vicálvaro, el aplauso con que en todas partes ha sido recibida la noticia de nuestro patriótico alzamiento, aseguran desde ahora el triunfo de la libertad y de las las leyes que hemos de defender.

Dentro de unos pocos días la mayor parte de las provincias habrán sacudido el yugo de los tiranos; el ejército entero habrá venido a ponerse bajo nuestras banderas, que son las leales; la nación disfrutará los beneficios del régimen representativo, por el cual ha derramado hasta ahora tanta sangre inútil y ha soportado tantos sacrificios. Día es, pues de decir lo que estamos resueltos a hacer en el de la victoria. Nosotros queremos la conservación del trono, pero sin camarilla que lo deshonre; queremos la práctica rigurosa de las leyes fundamentales mejorándolas, sobre todo la electoral y la de imprenta; queremos la rebaja de los impuestos, fundada en una estricta economía; queremos que se respeten en en los empleos militares y civiles al antigüedad y los merecimientos; queremos arrancar los pueblos a la centralización que los devora, dándoles la independencia local necesaria para que conserven y aumenten sus intereses propios; y como garantía de todo esto, queremos y plantearemos bajo sólidas bases la milicia nacional.

Tales son nuestros intentos que expresamos francamente, sin imponerlos por eso a la nación. Las juntas de gobierno que deben irse constituyendo en las provincias libres; las Cortes que luego se reúnan; la misma nación, en fin, fijará las bases definitivas de la regeneración liberal a que aspiramos. Nosotros tenemos consagradas a la voluntad nacional nuestras espadas, y no las envainaremos hasta que ella esté cumplida."

Leopoldo O'Donnell, Conde de Lucena. Cuartel General de Manzanares. 7 de Julio de 1854.



CLASIFICACIÓN: El texto que nos encontramos es el conocido como Manifiesto de Manzanares, por redactarse en el cuartel del mismo nombre. Se trata de una fuente directa de naturaleza histórico-circunstancial y su temática política. Fue redactado en 1854. Fue redactado por un joven Antonio Cánovas del Castillo y firmado por el general O'Donnel, perteneciente al Partido Conservador, y dirigente del pronunciamiento militar. Fue redactado en 1854 durante el reinado de Isabel II, después de una crisis parlamentaria provocada por la suspensión de las Cortes vulnerando la Constitución de 1845.

ANÁLISIS: La idea fundamental del texto es comunicar el éxito de el alzamiento de Vicálvaro, conocido como la Vicalvarada y la proclamación de los ideales que con la revolución de 1854 pretenden una regeneración política en España.

Destacan asímismo otras ideas secundarias, entre ellas, la de volver a un régimen representativo, donde el poder legislativo esté representado por las Cortes, que se haga una reforma electoral y se garantice la libertad de imprenta.

También se esgrimen unas aspiraciones económicas como la suspensión y reducción de algunos impuestos.

También se hace mención a una reforma de la administración territorial que de más autonomía a los poderes locales, lo que está ligado a la disputa entre progresistas y moderados por la ley de ayuntamientos.

Por último defiende el reconocimiento de algunos derechos laborales, entre otros de la antigüedad y el mérito tanto en el estamento militar como civil.

Como podemos observar, O`Donnell y Cánovas del Castillo, a pesar de ser moderados, defienden en el Manifiesto del Manzanares los ideales políticos del Partido Progresista.




COMENTARIO: Desde 1845 bajo el reinado de Isabel II, gobierna el Partido Moderado, durante su gobierno, que se prolongará durante diez años, por lo que es conocido como "Década Moderada", se proclamará la Constitución de 1845, se llevará a cabo un Concordato con la Santa Sede, se establecerá la Guardia Civil sustituyendo a la Milicia Nacional y se realizará una Ley de Ayuntamientos centralizada. El gran problema vendrá en los últimos años de gobierno, sobre todo a partir de 1852 con la suspensión de las Cortes y el gobierno a golpe de decreto que disgustará a los mismos miembros del partido como Narváez, debido al incumplimiento de la Constitución de 1845.

Es en este contexto cuando se lleva a cabo el alzamiento de Vicálvaro o Vicalvarada, dirigida por O'Donnell. Tras el pronunciamiento se inicia la Revolución de 1854, finalmente la Reina Isabel II, llama al General Espartero, del Partido Progresista, para formar gobierno siguiendo las proclamas del Manifiesto del Manzanares.

Se inicia así, el periodo conocido como Bienio Progresista, que con Espartero comenzará una etapa reformista. Entre las principales reformas se encuentran la Desamortización Civil de Madoz o la Ley de Ferrocarriles, ambas de 1855, sin embargo, el proyecto más ambicioso fue la de promulgar una nueva constitución de carácter progresista, la conocida como "Constitución non nata de 1856".

Sin embargo, el gobierno progresista, tuvo que enfrentar varios y complejos problemas. En primer lugar se encuentra la revuelta obrera de Cataluña debido a la implantación de las máquinas selfactinas que dan lugar a numerosos despidos y enfrentamientos entre el movimiento obrero y la patronal, con la suspensión de los convenios colectivos, se da una huelga general en 1855. También se da una crisis de desabastecimiento, debido a que el gobierno permitió la exportación de trigo a Europa, debido a la dificultad de comprar trigo de Rusia debido a la Guerra de Crimea. 

A esto hay que sumar la oposición de los moderados y la oposición de la Iglesia que se opone a algunos artículos de la Constitución, como la de tolerancia religiosa y contra la Desamortización de Madoz que también afecta a algunos bienes del Clero.

La suma de estos factores, y la oposición de O'Donnell que se sentía apoyado por la reina Isabel II, provocó la dimisión de Espartero. Isabel II nombra entonces presidente del consejo de ministros a O`Donnell, poco después sustituido por Narváez. Comienza así el periodo del Bieno Moderado, que entre sus primeras tareas legislativas, se encontrará, con un Real Decreto, el cierre de la Asamblea Constituyente, quedando sin aprobar la Constitución de 1856, con otro Real Decreto, se aprueba la Constitución de 1845 con un Acta Adicional, que trata de satisfacer algunas de las reivindicaciones progresistas.

CONCLUSIONES: El Manifiesto de Manzanares, además de dar inicio a una nuevo periodo político en el reinado de Isabel II, como el Bienio Progresista, deja al descubierto una de las realidades políticas de la España del siglo XIX, que es la influencia del ejército en la vida política. Como diría Josep Fontana, "los ministros iban a tener una escasa influencia en la vida política dominada por los dos espadones". Refiriéndose con espadones a Espartero, que representará al partido socialista, y Narváez, más tarde O'Donnell como representantes del partido moderado. La irrupción del ejército en la vida política, se dará durante todo el siglo XIX desde el pronunciamiento de Riego en 1820 a los pronunciamientos de Topete en 1868 o Martínez Campos en 1874, durante el siglo XX se sucederán los de Miguel Primo de Rivera en 1923 o al alzamiento del 18 de Julio con Franco como protagonista, estás irrupciones provocarán que los cambios de gobierno vengan dictados por la fuerza en lugar de la voluntad popular a través de la urnas.