Escribe algo y pulsa enter

By On

IDENTIFICACIÓN: Nos encontramos ante la Triada de Mikerinos, de autor anónimo, datada hacia el 2500 a. C. perteneciente al Imperio Antiguo. El descubrimiento arqueológico corresponde a George Andrew Reisner, junto con otras dos triadas de características similares y una diada (Mikerinos y su esposa), encontradas en el Templo del Valle de Gizá. Hoy en día se encuentran en el Museo Egipcio de El Cairo menos una que podemos encontrar en el Museo de Bellas Artes de Boston.
Triada de Mikerinos Comentario
Triada de Mikerinos (Museo de El Cairo)

DESCRIPCIÓN: En la imagen encontramos una escultura de un gran alto relieve, en un bloque formado por un conjunto de tres figuras de pie. En el centro de la composición encontramos al faraón Mikerinos que reinó durante la IV Dinastía, coronado con la tiara blanca que representa el poder sobre el Alto y Bajo Egipto, acompañado de la diosa Hathor coronada con sus atributos, cuernos de vaca y el sol, y al otro lado una figura femenina que simboliza un nomos o provincia de Egipto que sabemos a partir del relieve que aparece sobre su cabeza. Las tres figuras parecen portar algo en sus manos que puede que  los pies encontramos inscripciones con alusiones a los personajes representados.

ASPECTOS MATERIALES Y TÉCNICOS: La escultura está realizada sobre un bloque de diorita, roca parecida a la pizarra, lo que explica su color oscuro. Para su realización el escultor, a partir del bloque diseñaría la cara frontal y las dos laterales y a partir de ahí iniciaría el proceso de la talla. No parece que estuviera policromada, aunque era usual en otras tallas egipcias. La superficie aparece bien terminada y pulida, por lo que se debieron emplear materiales abrasivos como la arena, sin embargo, el pulido, lejos de contribuir a un mayor realismo, realza su carácter ideal.

ANÁLISIS FORMAL: Se trata de una escultura figurativa, de carácter naturalista. El estudio anatómico muestra unas figuras bien proporcionadas, aunque predomina una apariencia estilizada e idealizada. Podemos observar como se aplica la ley de la frontalidad, que deriva de la misma concepción de la escultura a partir de un bloque de piedra dejando un paramento vertical, y que es palpable al ofrecer un único punto de vista frontal al espectador. Es notable la aplicación de la ley de la simetría, no sólo en la composición, quedando el faraón en el centro y las figuras femeninas a ambos lados, sino también en la misma concepción de las figuras, únicamente alterada por la posición adelantada de la pierna izquierda del faraón. También queda bastante patente una concepción geométrica tanto de las figuras como de la composición, donde cada una de las formas del cuerpo se adapta a volúmenes puros, así como un cierto grado de convencionalismo que se aprecia en los brazos pegados al cuerpo, lo que da lugar a una composición cerrada, también la pierna izquierda adelantada o los puños cerrados y en los pliegues del faldellín del faraón o las ropas ajustadas de las figuras femeninas.

Toda la representación se caracteriza por un gran hieratismo, donde las figuras parecen mirar con rostro solemne hacia un punto en el infinito y sólo se aprecian rasgos expresivos en las tímidas sonrisas de los personajes, aunque quizá lo que más llame la atención sea el gesto de ternura entre la diosa Hathor y Mikerinos que entrelazan sus manos.

FUNCIÓN Y SIGNIFICADO: Una de las principales funciones de esta escultura, es su función funeraria, su ubicación en el Templo del Valle de Gizá, serviría de doble del faraón, representando el Ka' o forma material, y que serviría para dar paso al más allá, en este caso acompañado de la diosa Hathor y un representante de un nomos que simbolizaría el acopio de presentes y tributos.

Por otro lado cabe advertir cierta función religiosa, Mikerinos quedaría emparentado de esta manera con la diosa Hathor y simbolizaría su papel de mediador entre los hombres y las deidades, el faraón, en una sociedad profundamente teocrática como la egipcia, representa el máximo poder y su culto y lealtad propiciaría las lluvias y las buenas cosechas.

Por otro lado, la escultura tiene una lectura política, se cree que este conjunto formaría parte de un total de 8 triadas, de las que sólo se conservan 4, en cada una de ellas, además del faraón Mikerinos y la diosa Hathor, aparece una figura representando a los ocho mayores nomos o provincias de Egipto. Así las diferentes esculturas tratarán de ensalzar el papel de faraón como señor y protector de todos los nomos del alto y bajo Egipto, papel que también queda simbolizado por la tiara blanca.

COMENTARIO: A partir de esta obra, podemos ver, como la concepción de una sociedad teocrática y la importancia de la creencia en una vida después de la muerte, tiene su reflejo en el arte, a partir de esculturas funerarias como la Triada de Mikerinos. Toda la escultura egipcia, bien sea relieve o de bulto redondo aparece sometida siempre a una serie de convencionalismos como la ley de la frontalidad, la simetría y a una ausencia de expresión que conocemos como hieratismo. Esta concepción artística responde a la necesidad de crear un arte que exprese la eternidad, que sea imperecedero, como así es la vida después de la muerte. En la escultura egipcia podemos establecer iconográficamente tres grandes grupos, una estatuaria real, una estatuaria privada o cortesana y una estatuaria popular. Este en particular responde la grupo de estatuaria real que se caracteriza por representar al faraón en su doble papel de rey (concepto de autoridad) y como dios (concepto de culto), de ahí la necesidad de representar una figura idealizada, atemporal y sin dejar traslucir ningún tipo de expresión. Debemos considerar a la triada de Mikerinos, a partir de sus múltiples versiones, el paradigma de representación de faraón, con la barba osiríaca, la tiara representando al poder, una anatomía joven y vigorosa y como decíamos con esa concepción de atemporalidad e inexpresividad que le confieren cierto aire de deidad. A lo largo de los 3000 años de historia del Antiguo Egipto, esta forma de representar al faraón, que vemos en la triada de Mikerinos, se mantendrá inalterable a excepción del periodo herético de Amenofis IV o Akenatón. Aún hoy, esta escultura de 4500 años de antigüedad sigue sorprendiendo e impresionando tanto como en los tiempos en los que fue esculpida.

Click para comentar